Carmen Rocher. “Peces del cielo”, Dibujos.
Juana de Arco del 5 al 29 de Abril de 2005.

Para Carmen, creadora de mundos
Hay una antigua versión del génesis, que llaman el génesis de los poetas, versión que por supuesto nunca fue difundida, porque supondría un dios imperfecto.
Esta versión cuenta que el mundo fue creado en un día, el sexto.
En los cinco días que lo precedieron, se encontraba dios aún en su vacío completo, el vació que antecede al principio, en él resonaban todas las músicas y ninguna todavía, latían todas las formas y todos los colores sin que aún existiese forma o color alguno.
El origen dudoso de esta versión no es una contrariedad tan penosa para teólogos y filósofos como el cuarto párrafo de la misma, donde se narran las cavilaciones que ocuparon a dios en la eternidad que antecedió a los cinco días.
Es evidente que no ha de prosperar ningún relato que cuente sobre la necesidad de dios de crear, que cuente sobre la duda de abandonar su unidad perfecta por una multiplicidad imperfecta, sobre el miedo a arriesgarlo todo por materializar tan solo una cuantas ideas.
“Quiso nombrar lo que sentía –dice en el versículo veintitrés – pero se mantuvo en silencio” Sabía que elegir una palabra implicaba renunciar a las infinitas posibles, que nombrar una, quebraría para siempre su silencio donde todas eran nombradas.
Pero eligió hacerlo y dijo: soledad.
Dijo: “día”, y fue el día uno y renuncio a la eternidad.
Todo se desencadeno como una sucesión imparable, todo lo que había dudado y temido desde la vieja y hendida nada.
Elegir cada material, cada combinación invalidaba las otras, y él podía todas.
“Elegir es como una gran caída” dice el texto que dios dijo, y comenzó a regir la gravedad.
En los cinco días que precedieron a la creación del mundo dios solo lloró, entendía que debía renunciar.
En el sexto, dios solo dijo: “si”.
Virginia Spinelli.